Cuando el sol se apagó (Impreso)

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Por lo general, son pocas las personas que toman tiempo para contemplar la función que desempeña la Madre Naturaleza en sus vidas. Tal vez no lo vean necesario porque, para la mayoría, se aprende sobre el tema en la escuela o de forma natural. Por ello, casi siempre se le da poca importancia, y en parte, esa es la razón principal por la cual nunca se podrá llegar a comprender el valor y la influencia que ejerce la Naturaleza sobre todas las especies que habitan el planeta.
Cómo viven las aves; por ejemplo, las mariposas y otras especies. El Mundo Natural es vasto, diverso y desempeña un sinnúmero de funciones. Está formado por varios mundos y todos coexisten en uno mismo. Es semejante al Universo, también constituido por miles de galaxias, y todas ellas cohabitan en el mismo Cosmos.
Además, la Madre Naturaleza tiene su propia soberanía. No necesita nada de los seres que la habitan; sin embargo, todos ellos no podrían prescindir de ella porque dejarían de existir. La lluvia, el aire, el Sol, los océanos; todos forman parte de una sinergia biológica perfecta. Si uno de ellos faltara, en poco tiempo la Tierra se convertiría en un lugar inhóspito. Pues bien, la humanidad también es parte de ese mundo natural. Por razones obvias, no se puede interpretar el lenguaje de las otras especies, de qué manera muestran ellas su gratitud -seguro que de alguna forma lo hacen-. No obstante, los seres humanos sí tienen la capacidad de comunicarse por medio de un idioma, tienen el privilegio de traducir y convertir sus pensamientos y sentimientos en palabras. El propósito de esta historia es construir un puente imaginario entre el raciocinio y la conciencia humana, para despertar un concepto nuevo hacia las cosas positivas que ofrece la vida. La tristeza y el negativismo sólo conllevan a la amargura. El fundamento principal de la felicidad ya está aquí, sólo hace falta explorarlo, contemplarlo y ser agradecidos.

 

 

 

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