Yo soy Camila (Impreso)

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Se dice que nadie escarmienta en cabeza ajena y es cierto.
Yo la vi nacer, era una mocosa moribunda, flaca, y para colmo, fea, que abría la boca a duras penas para agarrar un poco de aire y luego se le quedaban los ojos torcidos y en blanco.
Su pobre madre lloraba y a su padre se le desgarraba el corazón, pero se aguantaba como los meros machos, esos que se amarran bien el calzón para que no se les caiga del miedo, aunque terminan cagados del susto.
Estaba tan grave, que la comadre Chela llegó al hospital con cuatro velas blancas para despedir a la pobre niña, pero cuando la chiquilla vio las velas, como que se despabiló y le dio una patada en el trasero a la muerte, ahí me di cuenta que era más terca que las mulas.

 

 

 

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